Historia

Desde 1946, la misma casa. La misma forma de entender el aceite.

Todo empieza en 1940, cuando Joan Lluch Saumell y su padre se dan cuenta de algo muy sencillo: los payeses de la zona necesitaban una almazara cerca de casa.

En aquellos años, llevar las aceitunas hasta el molino más próximo significaba recorrer kilómetros con carros de caballos, muchas veces en pleno invierno. Era un trayecto largo, frío y difícil que había que repetir cada temporada.

Por eso decidieron construir su propio molino.

En 1946 empezó a funcionar bajo el nombre de El Trull de les Casetes: dos piedras, una prensa de capachos y un establo habilitado en la propia casa para que los caballos pudieran descansar y comer mientras los agricultores descargaban sus aceitunas.

De aquel molino salía el aceite con el que muchas familias de la zona cocinaban y se alimentaban durante todo el año.

Una mujer al frente del molino

Joan murió cuando su hijo mayor tenía solo 16 años.

Su viuda, Madrona Tutusaus, tomó entonces el relevo del molino con la ayuda de Jaume y Josep, dos jóvenes de un pueblo cercano y muy amigos de la familia.

Durante la campaña eran jornadas prácticamente ininterrumpidas: día y noche, siete días a la semana.

Con los años, Antoni —hijo de Joan y Madrona— fue tomando las riendas del negocio, siempre acompañado por Jaume y Josep.

Entre los años 80 y 90 empezamos a dar un paso más: envasar y etiquetar nuestro propio aceite.

Fue entonces cuando nació Ca la Madrona, un nombre elegido en honor a Madrona y que acabaría dando identidad a toda la casa.

Iohannes y Aina

Años después llegaron dos nuevas marcas.

Antoni tuvo un hijo y una hija: Joan y Aina.

El nombre de Joan, llevado a su forma latina, dio origen a IOHANNES, mientras que AINA conservó directamente el nombre de su hija.

Así, cada uno de nuestros aceites lleva detrás una parte de nuestra propia familia.

Tradición y tecnología, una frente a la otra

A principios de los años 2000 construimos una nueva almazara justo enfrente del molino tradicional.

Una instalación más moderna, más eficiente y con mayor capacidad de producción.

Pero el molino original no desapareció.

Durante años, ambas almazaras trabajaron en paralelo: la nueva, con tecnología moderna; la antigua, con sus piedras y su sistema tradicional de elaboración.

El molino de piedra continuó funcionando hasta 2023, cuando una cosecha especialmente corta hizo inviable ponerlo en marcha aquella temporada.

Sigue allí.
No lo hemos olvidado.

Y queremos que vuelva a funcionar algún día, no para producir más, sino para elaborar pequeñas partidas destinadas a quienes entienden que hacer aceite como se hacía antes requiere más tiempo, más trabajo y también más coste.

Porque modernizarse no significa olvidar de dónde venimos.

Hoy

Actualmente, la almazara está gestionada por Joan Lluch, hijo de Antoni, representando una nueva generación de una historia que empezó hace más de 80 años.

La tecnología ha cambiado.
Los carros de caballos han desaparecido.
Las prensas han dado paso a sistemas modernos de extracción.

Pero nuestra forma de entender el aceite sigue siendo la misma: cuidar la aceituna desde el campo y elaborar intentando respetar al máximo aquello que llega del olivo.

Del olivo al molino en menos de 12 horas

La arbequina es nuestra variedad principal.

No es una aceituna que destaque por grandes tonos verdes ni por un picante extremadamente intenso. Precisamente ahí está parte de su personalidad: produce aceites suaves, equilibrados y elegantes, capaces de acompañar platos delicados sin esconder su sabor.

Pero tiene algo especialmente difícil de conseguir: una textura y una suavidad extraordinarias.

La aceituna se recoge mediante ordeño, intentando que llegue al molino con el menor número posible de golpes.

Antiguamente se transportaba en barriles de madera de aproximadamente 50 kg. Hoy utilizamos medios mucho más modernos, pero mantenemos el mismo principio: cuidar el fruto desde el momento en que se recoge.

Seleccionamos cuidadosamente los campos y las diferentes partidas de aceituna antes de elaborar.

Y trabajamos con una norma clara: menos de 12 horas entre la recolección y la molturación.

La extracción se realiza siempre en frío, trabajando por debajo de 27°C, para preservar al máximo las características naturales del aceite.

La arbequina representa la mayor parte de nuestra producción, pero cada campaña también elaboramos pequeñas partidas de otras variedades como vera, koroneiki, frantoio, arbosana y joanenca.

Pequeñas producciones que nos permiten explorar perfiles diferentes sin perder aquello que ha definido nuestra manera de trabajar desde 1946.

Muchas cosas han cambiado desde entonces.
El motivo por el que hacemos aceite, no.